En MEMORIA DE OTRO MUNDO la escultura actúa como un dispositivo de imaginación radical. La muestra reúne el trabajo de Xavier Cuiñas y Raquel Mora, dos artistas que, desde lenguajes formales profundamente distintos, comparten un mismo impulso: la creación de universos autónomos, sistemas visuales regidos por leyes propias que se sitúan al margen de la mímesis y de la representación convencional de lo real.
Ambos trabajan desde la fantasía no como evasión, sino como método de conocimiento. Sus obras no describen el mundo: lo reformulan. La exposición no propone un relato cerrado, sino un campo de fuerzas donde se tensan dos modos de imaginar: lo etéreo frente a lo orgánico, lo arquitectónico frente a lo biológico, la transparencia frente a la mutación.
Xavier Cuiñas (Orense, 1958) : arquitecturas de la levedad
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Su obra se construye desde una concepción expandida de la escultura como espacio habitable del pensamiento. Sus piezas adoptan la forma de arquitecturas espaciales y hábitats atmosféricos que desafían frontalmente la tradición monumental. Aquí no hay masa, ni peso, ni solemnidad. La escultura se libera de la gravedad simbólica y física para convertirse en estructura suspendida, en organismo flotante.
Cuiñas anula el pedestal, desactiva la jerarquía entre obra y espectador, y propone un tipo de escultura que se presenta como dispositivo de tránsito, no como objeto de contemplación frontal. Su trabajo dialoga con la tradición de la escultura posminimalista, con autores como Eva Hesse, Fred Sandback o Ruth Asawa, donde el espacio vacío adquiere un papel estructural y donde el límite entre dibujo, arquitectura y volumen se vuelve poroso. También pueden rastrearse afinidades con las utopías espaciales de la arquitectura radical de los años sesenta y setenta —como Archigram o Yona Friedman—, en la manera en que sus estructuras sugieren hábitats posibles, formas de vida no normativas, espacios para cuerpos aún por definir.
Sus esculturas son lúcidas, transparentes, abiertas, muestran su interior sin ocultarlo, despojadas de todo artificio narrativo. No hay decoración ni relato impuesto: hay una honestidad constructiva extrema que convierte cada pieza en un entramado visible de tensiones, equilibrios y vacíos. El material no se disfraza; se manifiesta. La obra no representa: se ofrece como presencia vulnerable y precisa. La escultura deja de ser objeto cerrado para transformarse en arquitectura emocional, en una suerte de geografía mental donde el espectador no solo mira, sino que proyecta su propia deriva interior.
Raquel Mora (Madrid, 1970) : biología imaginada y cuerpos en mutación
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La obra de Raquel Mora se sitúa en el extremo opuesto —y complementario— de este territorio expositivo. Suinvestigación parte de la figura humana, de su fisicidad y de sus procesos internos: crecimiento, degradación, mutación, hibridación. Desde una profunda conciencia material del cuerpo, su trabajo da lugar a un mundo biológico alternativo, donde las leyes de la naturaleza han sido reescritas.
Sus esculturas no siempre representan cuerpos reconocibles, sino que construyen organismos posibles, criaturas surgidas de un intercambio constante de parámetros entre lo humano, lo animal y lo vegetal. En este sentido su trabajo dialoga con una tradición, que atraviesa desde la escultura surrealista-Leonora Carrington-a las esencias de la cultura japonesa nihonga, kano, Rinpa - hasta las prácticas contemporáneas vinculadas a la nueva figuración orgánica como Kiki Smith. Pero sus raices se alimentan del dibujo y en ese terreno podemos reconocerla en figuras como Lorenzo Mattotti o Moebius .
La obra de Mora es profundamente plástica y carnal. El cuerpo no es aquí un contenedor de identidad estable, sino un campo de transformación continua. La artista concibe la biología como un territorio de ficción, un laboratorio poético donde las formas se desbordan y se contaminan unas a otras.
Estas criaturas no existen en soledad: establecen relaciones, diálogos, simbiosis. Son cuerpos que miran, queresponden, que parecen haber atravesado procesos de adaptación a entornos aún desconocidos. La esculturase convierte así en un registro material de una evolución imaginada.
El encuentro entre Xavier Cuiñas y Raquel Mora no responde a una afinidad formal, sino a una tensión productiva.Frente al vacío estructural, la carne transformada. Frente a la arquitectura del aire, la biología fabuladora.
